Home / Los Barrios de la Asunción de Antaño

Los Barrios de la Asunción de Antaño

Cuando Asunción empezó a extenderse más allá del casco original, abandonando su unidad social y funcional, aparecieron los barrios. Al principio con el nombre de “distritos”, como una necesidad de organización política y administrativa y, desde siempre, como la expresión propia de un paraje o un lugar de la ciudad que se define por la identificación de sus componentes humanos o paisajísticos más esenciales. Es por eso que el barrio es, sin ninguna duda, la disposición urbana más reconocible, la propia ciudad en miniatura, con su más genuino espíritu y lo más auténtico del patrimonio social y cultural de sus habitantes.

Hasta la mitad de este siglo y a través de la organización barrial, Asunción pudo conservar las características peculiares que venían desde la Colonia, con las expresiones populares de la comunidad, las tradiciones y hasta las formas de la arquitectura y el paisaje de los primeros tiempos.

El mantenimiento del “sabor barrial” de algunos enclaves de Asunción ha sido posible gracias a la estrecha relación entre la gente y “su lugar” aunque –muchas veces- éste no fuera definido por límites propios. De hecho y aún antes de la existencia de las divisiones barriales específicas, la gente se identificaba con sitios característicos, algún curso de agua, con un árbol, un promontorio o un accidente geográfico cualquiera. Otras veces, el lugar debía su nombre a una parroquia u oratorio como son los casos de SAN BLÁS, antigua parroquia y barrio de indios, cerca DE PUNTA KARAPA; SANGERÓNIMO, bastión de la defensa asuncena desde lejanos tiempos; o, la ENCARNACIÓN, dominando el antiguo promontorio denominado “VOLO CUÉ”. Algunos lugares deben su nombre al dueño original de los terrenos como VILLA EGUSQUIZA, territorio que se extendía desde la actual calle Perú hacia este, entornado por las avenidas Mariscal López y España hasta la calle Venezuela, entonces con el nombre de Luna.

También estaban el BARRIO JARA, enclave territorial de Don ANTONIO JARA, dueño de una casa que todavía existe, en la esquina de España y Ayala Velázquez; la QUINTA STEWART, ubicado sobre Perú y la antigua “SAMUHU PERE”, hoy Juan de Salazar, barrio que correspondería a los límites actuales de LAS MERCEDES. Este barrio hoy poblado de hermosas residencias y edificios era anteriormente conocido como TUYUCUÁ debido a que, en su parte más baja -hacia la avenida Artigas- tenía una napa casi superficial que convertía a los terrenos en verdaderos lodazales. Allí se asentaron las floridas huertas de los “cumparelos” italianos, que -adaptación local mediante habrían dado el nombre a los “gumarelos” o “repolleros” del Club Libertad de las inmediaciones.

El “casco” de aquella quinta, de amplios corredores, había pertenecido al Dr. GUILLERMO STEWART, inglés, jefe de la Sanidad paraguaya durante la Guerra del ’70.

En el extremo opuesto de la ciudad, hacia el sur, donde se iniciaba el “camino a Lambaré” -calle Honduras entre Pa’i Pérez y Capitán Figari- se encuentra la zonaque entorna a la antigua “QUINTA ESCOBAR”. El solar había pertenecido al GRAL. PATRICIO ESCOBAR,ex Presidente de la República entre 1886 y 1890, así como casi todala zona de Tacumbú pertenecía al ex-Presidente HIGINIO URIARTE quien ocupara laPresidencia de la República desde 1877 a 1878, luego del asesinato del PresidenteJUAN B. GILL, acaecido el 12 de Abril de 1877.

El Dr. Rafael Oddone comentaba que en el siglo pasado, en la calle Colón a la altura de su intersección con Humaitá, existía una tranquera por donde se ingresaba a aquel vasto territorio de los Uriarte.

 

El perfil de Asunción desde la LOMA SAN GERÓNIMO, uno de los barrios más antiguos de Asunción. Aunque hoy tiene otro nombre, por las extrañas paradojas de la nomenclatura asuncena, sigue siendo San Gerónimo.

BARRIOS DEL ESTE

APARECIÓ CON EL NOMBRE DE BARRIOS (2)

Al terminar la Guerra del ‘70, Asunción no era más que una aldea extendida desde los barrancos de la bahía hasta la CALLE PILCOMAYO (luego CNEL. MARTÍNEZ, hoy HAEDO) y desde la CALLE DE LA ADUANA (hoy COLÓN), hasta LORETO (actual MÉXICO), calle frontera entre el CUARTEL DE SAN FRANCISCO y la plaza del mismo nombre.

Fuera de este perímetro estaban los arrabales, los parajes, las quintas, con caminos abiertos entre la floresta y las chacras. En aquel tiempo, la accesibilidad era un factor preponderante para localizar los enclaves residenciales, por lo que las cuestas pronunciadas, ubicadas hacia el oeste o el sur del casco histórico de Asunción, volvían prácticamente inaccesibles lugares paisajísticamente atractivos como TACUMBÚ,

SAJONIA y VARADERO. La destructora acción de los raudales en dichos lugares, hizo que la tendencia para el crecimiento del casco urbano de ASUNCIÓN se basara, marcadamente, en la expansión hacia el este.

Un relevamiento urbano realizado por el ingeniero ROBERTO CHODASIEWIEZ , por encargo de las fuerzas de ocupación aliadas de Asunción, en 1869, verificaba el casco original mencionado y proyectaba una expansión que alcanzaba la avenida YGATIMI (GASPAR RODRÍGUEZ DE FRANCIA) hacia el sur, la calle del HOSPITAL (ESTADOS UNIDOS), al este; y, hacia el oeste, llegaba hasta la calle de la ACADEMIA LITERARIA (MONTEVIDEO).

Si bien esta disposición regularizaba el égido urbano de la capital, no hacía más que cuadricular espacios que ya contaban con alguna población y tradicionalmente consagrados como territorios de los barrios de la ENCARNACIÓN y SAN ROQUE.

Otro plano del 26 de setiembre de 1899, con una firma que parece graficar el nombre de “G. PHILIPH”, muestra a Asunción con una expansión y a mucho más pronunciada hacia el este. En el documento se denota el casco de la ciudad totalmente consolidado hasta la calle Brasil, abarcando la calle Ygatimi al sur y, al oeste, la calle Don Bosco, conocida entonces como SARGENTO DURÉ. En el mismo plano, se indica la futura ampliación del casco de Asunción hasta la calle SAN MIGUEL, actual GENERAL SANTOS, expansión que incluía los barrios de CIUDAD NUEVA, VISTA ALEGRE y parte del actual BARRIO LAS MERCEDES . También se ampliaba hacia el sur, en una pequeña superficie de loteo que correspondía al lugar conocido como “CANCHA OSORIO” y se extendía desde Yegros a Alberdi, hasta la FÁBRICA DE FÓSFOROS, sobre la antigua 7a. Proyectada.

La ampliación hacia el oeste se concretaba en una pequeña franja que, desde el arroyo “Jardín”, rompía la línea norte-sur iniciada con la reforma del Dr. Francia, en 1821. Esta trama inclinada obedecía -aparentemente- a la idea de “alinear” las calles del nuevo loteo, a la construcción del antiguo “LEPROCOMIO”, luego HOSPITAL DE LA CARIDAD, hoy HOSPITAL DE CLÍNICAS.

De acuerdo a estos documentos, estaba ya claro que el derrotero de la ciudad se iría afirmando alrededor de los antiguos caminos que, desde la época de la Colonia, se internaban hacia el este. Esta tendencia se iría afirmando con el trazado de las vías del tren o los tranvías que relacionaban aquellos nuevos barrios de Asunción con el Puerto, el Mercado Guazú o la Plaza Uruguaya. En aquellos planos, ya estaban marcados entonces el “CAMINO A YSATY”, el “CAMINO A SAN LORENZO”, y el “CAMINO A LAMBARÉ”, junto a los recorridos del tranvía “A LA TRINIDAD”, “A LA FÁBRICA DE FÓSFOROS”, “A LA CANCHA SOCIEDAD” y otros lugares emblemáticos de la Asunción de antaño.

 

VARADERO. A pesar de su belleza paisajística y su proximidad al centro, no fueron terrenos cotizados en el mercado inmobiliario, debido a los zanjones y la proximidad de «programas» no muy atractivos para la convivencia residencial.

BARRIOS VIEJOS

APARECIÓ CON EL NOMBRE DE BARRIOS (3)

Aunque en las dos primeras décadas de este siglo quedaron marcados los nuevos rumbos de la ciudad hacia SAN LORENZO DEL “CAMPO GRANDE”, TRINIDAD, LUQUE y  LAMBARÉ (este último, distrito o barrio de Asunción, hasta la década del ’60), quedaban “pegados” al centro los antiguos sitios cuyos nombres y nombradía como enclaves tradicionales de la capital, venían desde los lejanos tiempos de la Colonia.

LOMA CABARÁ, CAMPANERO, PUNTA CARAPÁ, LOMA TARUMÁ, YCUA SATI, LOMA CLAVEL y LOMA CACHINGA además de los ya mencionados LOMA SAN GERÓNIMO y VOLO CUÉ, eran lugares del mismo centro, o muy próximos a él, cuyos nombres representan el verdadero “linaje” de la tradición barrial asuncena.

LOMA CABARÁ es el sitio, o está próximo al sitio, en el que se presume fue asentada la “casa fuerte” que dio origen a Asunción. Se trataba del asiento del Convento de Santo Domingo, fundado en 1621 y cuya iglesia, construida bajo la advocación de la Virgen de la Encarnación, estaba en la esquina formada por las calles de SANTO DOMINGO, actualmente De la República y, de la ENCARNACIÓN, hoy 15 deAgosto. A sus espaldas, en la dirección de la calle PASO DE LA PATRIA, luego Convención, hoy Juan E. O’Leary, se encontraba el “puerto” de PASO DE LA PATRIA, “el de la calle de este nombre”; y enfrente, el “puerto” del Colegio, “en memoria del antiguo Colegio de los Jesuitas”.

Según datos de lugareños, CAMPANERO es un legendario enclave próximo a las calles Paraguarí y Comuneros, dentro de la no menos legendaria Chacarita. Hasta hoy se encuentra allí el pequeño “oratorio” de LA MERCÉ-MI cuyo campanario diera – presumiblemente- el nombre al lugar.

PUNTA CARAPÁ, cerca de CAMPANERO, es más conocido. Como su nombre lo define, es una “península” que permite la continuidad de la calle Caballero, como una especie de terraza sobre el “bajo”. El lugar con su caserío dio albergue a conocidos músicos y poetas entre los que se encontraba -antes- JOSÉ ASUNCIÓN FLORES y hasta hace unos pocos años, ARTURO PEREIRA, violinista de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción.

LOMA TARUMÁ es la cuesta que se encuentra -aproximadamente- entre las calles México, Caballero, República de Colombia y Gaspar R. de Francia y que albergara la alegría de los enclaves negros de la zona cuando las fiestas de homenaje a laVirgen de la Merced. O cuando las “lascivas y ruidosas” gombas, danza colectiva que convocaba a los negros de la zona con tambores de diferentes tamaños, “algunos de grandes dimensiones y sonido profundo que era audible a varios kilómetros” según el “Diccionario” del maestro LUIS SZARÁN.

YCUA SATI se encontraba en la misma depresión existente hoy a la altura de las calles Manuel Domínguez y Parapití. Y era el lugar donde, entre espesos arenales, se iniciaba el arroyo del mismo nombre siguiendo -aproximadamente- el curso de la actual calle Antequera. Aquel lugar era famoso por sus “bailongos” y en los que se asomaban “ranchos y casuchas” donde vivían, según era fama en la época, años próximos al ‘900,muchos liberales acaudillados por un fornido moreno de nombre CANTALICIO ESQUIVEL.

 

La LOMA CABARÁ en su día más luctuoso. El incendio de la Iglesia de la Encarnación, el 4 de Enero de 1889

BARRIOS, NEGOCIOS, HISTORIA

APARECIÓ CON EL NOMBRE DE BARRIOS (4)

ASUNCIÓN se continuó en otros lugares, favorecidos éstos al igual que los mencionados en entregas anteriores, por una rica historia. Fueron ellos PUERTO SAJONIA, BARRIO HOSPITAL, CIUDAD NUEVA, PINOZÁ, y TEMBETARY, entre otros.

PUERTO SAJONIA debe su nombre al hábito delSr. Christian Heisecke, cónsul de la casa de Holanda y del imperio Austro-Húngaro en el Paraguay, durante los últimos años del siglo pasado, de poner el nombre de SAJONIA, región de Europa de donde era oriundo, a todas sus pertenencias. Dueño -con Juan Berthé- de aquellos territorios ribereños, el barrio que surgió a ambos lados de la avenida 15 de Mayo, luego Carlos

Antonio López, se llamó -naturalmente- Sajonia. Y así se llamó también la fábrica de cerveza que el yerno del señor Heisecke, Eduardo Schaerer (que luego sería Presidente

de la República) junto a otros socios, vendió a los hermanos Bosio para constituir la Cervecería Nacional.

SAJONIA se llamó asimismo el buque que en 1904 condujo a los revolucionarios desde Buenos Aires, para el derrocamiento del entonces Presidente del Paraguay, Coronel JUAN A. ESCURRA. La embarcación, anteriormente llamada “INICIATIVA”, había sido comprada por el BANCO AGRÍCOLA DEL PARAGUAY al mismo CHRISTIAN HEISECKE, en Agosto de 1904. Luego del cambio de bandera en elRío de la Plata y tomada por los revolucionarios bajo el mando del Comandante MANUEL J. DUARTE, ELÍAS AYALA, ELÍAS GARCÍA y otros adherentes al Partido Liberal, fue rebautizada con el nombre de “LIBERTAD”, con el que llegó a Asunción con la revolución prácticamente victoriosa.

A propósito del señor JUAN BERTHÉ, el mismo era dueño de BERTHÉ-CUÉ, actual sitio de la oficina del Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas.

Y en cuanto a la fábrica de cerveza, la misma fue fundada por los hermanos Bosio a partir de la adquisición, entre 1906 y 1907, de tres instalaciones que dieron fama a otros tantos lugares de la ciudad: la de ARSENAL CUÉ, la de TUYUCUÁ y la ya mencionada de PUERTO SAJONIA. La primera debía su nombre al enclave metalúrgico y elaboración de armamentos construido por los ingleses contratados durante el gobierno de Don Carlos A. López.

El BARRIO DEL HOSPITAL que figura en los primeros mapas de Asunción, debe -probablemente- su nombre a las antiguas construcciones hospitalarias de la zona. Ya en la época del Dr. José G. Rodríguez de Francia se mencionaba el Cuartel del Hospital que, lógicamente, referenciaba un hospital próximo. En los mapas de 1869, del ya recordado ROBERTO CHODASIEWIEZ, figura alrededor de los mismos sitios, el “LEPROCOMIO”. Y en el álbum de MANUEL W. CHÁVEZ, editado en 1918, se habla del HOSPITAL DE LA CARIDAD que, más tarde, sería el HOSPITAL DE CLÍNICAS. El lugar está hoy coronado por la loma del San Luis y entornado por la LOMA CACHINGA y un poco más alejada, la loma San Antonio.

CIUDAD NUEVA empezaba desde la calle Brasil, en donde el “MERCADO GUERRERO”, Brasil y Mcal. Estigarribia era el nexo entre la ciudad “urbanizada” y los arrabales de la nueva expansión.

Trasponiendo la calle SALINARES, hoy Perú, los “conventillos” esa extraña simbiosis de cultura urbana con toldería indígena, eran la forma de sobrevivencia en las cercanías del centro. Y entre los “conventillos” famosos, en la esquina de lo que hoy son las calles República Francesa y Luis Alberto deHerrera, hubo uno que hizo historia: se llamaba “TEY’IN”.

 

El antiguo Cuartel del Hospital, una de las residencias del Dr. Francia, según un grabado antiguo.

EL LEGENDARIO BARRIO “PINOZÁ”

PINOZÁ prolongaba Asunción más allá de Ciudad Nueva. Según algunos moradores de la zona, el barrio debe su nombre a la “guaranización” de ESPINOZA, apellido de familias tradicionales, una de las cuales era propietaria de aquellos territorios. La “espina dorsal” de este nuevo enclave era la avenida Eusebio Ayala. Esta ruta –más que avenida- iniciaba el barrio y la incursión de la capital hacia el interior a partir de la “garita” policial de Dos Bocas, donde actualmente -entre toldos y puestos de venta todavía debería encontrarse el monolito que marca el kilómetro “cero”.

Alrededor de aquella avenida, conocida de antiguo con el nombre de “..camino a San Lorenzo” , se fue contornando el barrio que reunía, como casi todos los barrios tradicionales de Asunción, “algo” de las antiguas costumbres de la ciudad. Además de los contenidos esenciales de estas agrupaciones urbanas, en ésta, algunas “instituciones” marcaron las diferencias con los otros: la laguna “Pyta”, el Club Guaraní y … los bares.

Por los años de los comienzos, sólo la mencionada Eusebio Ayala y la calle General Santos estaban pavimentadas, ésta con un irregular empedrado. El resto era “un pardo” arenal, yuyales y zanjones. Precisamente sobre la calle que recuerda al presidente uruguayo que nos devolvió los trofeos de la “guerra grande” en 1885, donde hoy se levanta el nunca terminado Hospital Militar, estaba la LAGUNA PYTÁ, balneario del suburbio, recreo de chiquilines y fuente de tundas y reprimendas hogareñas. Se comenta que el tartamudeo que caracterizó a Luis Alberto del Paraná lo adquirió –de muchacho- en un accidentado chapuzón en la laguna.

Cerca de allí, sobre la calle 12 de Octubre, pernoctaban los carreteros que traían los frutas y frutos desde el interior los que, luego de clasificados, fraccionados, se vendían en el ya vigoroso MERCADO 4. Este repetía con su concierto de voces, aromas y sabores, el espectáculo del viejo “MERCADO GUAZÚ”, ya entonces desaparecido.

El CLUB GUARANÍ, que fue uno de los cantones defensivos durante la Revolución del ’47. Era el centro de la vida social y destino de los paseos de la muchachada del barrio.

No había tarde en la que en el “Club” no hubiera música, equipos en entrenamiento de basket, fútbol, atletismo, gente patinando o, sencillamente, sentada en amena plática. Ya para entonces la zona empezó a llenarse de bares. Enfrente, entre plantas de mangos y pisos de ladrillo, donde hoy está la heladería “Guaraní” estaba el bar y almacén de DOÑA FLORENCIA, asiento del vino “garnaccia”, el queso “parmesano” y la novedad del hielo en barras. Hacia el este, en la esquina de la calle Centenario se encontraba la pista “EL MANGO” propiedad de un señor argentino de nombre Cedano

Acosta, lugar de baile con orquestas y bailarines de traje. Ya en la esquina de la avenida Eusebio Ayala con la calle Gral. Santos, estaba el “BAR PUJOL”, que también era teatro y -algunas veces- ring de boxeo. El mismo sitio fue ocupado más tarde por el “BAR CHINO”. Casi enfrente, otra hospitalaria pista de ladrillos y lugar de fundación del CLUB PINOZÁ, el “BAR GUARANÍ”, de don LUIS SCHOLL (se llamaba realmente Ulises). Siguiendo más al este, en la esquina de Eusebio Ayala y 12 de Octubre, estaba el “BAR JUASY’Y”, lugar de encuentros bajo la espesa fronda de una gigantesca enredadera de juasy’y.

La LAGUNA PYTÁ, Gral. Santos y Teodoro S. Mongelós, balneario del suburbio, recreo de los chiquilines del barrio.

 SITIOS QUE NO LLEGARON A BARRIOS

No todos los barrios de Asunción tomaron sus nombres de los dueños de los territorios loteados, ni todos los lugares tradicionales de la ciudad llegaron a conformarse -oficialmente- en barrios. Aunque se merecían que perduraran en el registro oficial o, por lo menos, en la memoria de la comunidad que la había habitado, la nomenclatura de Asunción ya se había desvirtuado con otros procedimientos, distintos a la “naturaleza” de la ciudad. Estos parajes no fueron más que un conjunto de casas alrededor de alguna peculiaridad del terreno, del uso que le diera la misma comunidad o por alguna instalación o industria enclavada en el lugar.

Entre los primeros casos podemos mencionar a la SALAMANCA, ZANJA SORÓ, ITA PYTA PUNTA, YBYCUITI.

Entre los últimos se encontraban: ESTACIÓN SAN MIGUEL, ESTACIÓN BOTÁNICO, FÁBRICA DE FÓSFOROS, BELVEDERE, CANCHA SOCIEDAD, VARADERO, FÁBRICA DE AZUL o VIÑAS CUÉ.

Agregados a estos, quedan otros barrios -muy pocos- e igualmente tradicionales como TRINIDAD, PINOZÁ, MANORÁ, ZABALA CUÉ, TACUMBÚ, LOMA PYTA, ITA ENRAMADA, ZEBALLOS CUÉ, TEMBETARY, entre los que no encontraremos nombres de personas -civiles ni militares- así como tampoco referencias a santos o vírgenes que, de hecho nada tienen que hacer en la nomenclatura de la ciudad.

La SALAMANCA era una antigua depresión con un curso de agua en el fondo que seguramente siguió a los primeros procesos de deforestación de la ciudad. El enorme desfiladero empezaba un poco más allá de la 12a. Proyectada y siguiendo la dirección de la calle Yegros desembocaba en la laguna YRUPE, en el BAÑADO TACUMBÚ. Aparte de la rareza topográfica, la Salamanca se constituyó en un lugar de atracción y de “picnics familiares de nuestros abuelos en las frescas y arboladas barrancas” de sus contornos. ZANJA SORÓ e ITÁ PYTA PUNTA, son enclaves ribereños al oeste de Asunción, depresión la primera y prominencia la segunda, próximos o coincidentes a una referencia concreta en los planos de Félix de Azara: las “piedras de Santa Catalina”. En sus proximidades también se asentaron baterías para la defensa de la ciudad.

YBYCUITI es un antiguo paraje próximo a la vía férrea, a la altura del “kilómetro 9”, equidistante de Trinidad y Loma Pyta.

Entre las instalaciones urbanas que congregaron a populosos barrios en su entorno, se pueden contar a la ESTACIÓN SAN MIGUEL, en el extremo este de la Cancha Sociedad, “cabecera” del sistema ferroviario urbano. Al salir a la actual avenida Mariscal López, en la curva del mismo nombre, estaba la primera “parada”, popularizada después con el nombre de “PARA 1”.

ESTACIÓN BOTÁNICO era la tercera estación del tren al salir de Asunción, luego de la de “Cambio Grande” y Trinidad, a un costado del Jardín organizado por el botánico alemán CARLOS FIEBRIG. Hacia el río y luego del PUERTO BOTÁNICO, todavía se encuentra VIÑAS CUÉ.

La FÁBRICA DE FÓSFOROS, destino final de la expansión de la Asunción hacia el sur coronaba la ascensión del tranvía hacia Barrio Obrero.

En el otro extremo, BELVEDERE, lugar de recreo sobre la avenida España era “… al mismo tiempo café, cine, teatro (Edén Teatro, donde se agasajó -con un almuerzo de 300 cubiertos- al Presidente Roosevelt, en 1914) y, más tarde, pista de patinaje..”.

El tranvía llegando desde San Lorenzo del Campo Grande, Zavala Cué, Villa Morra y presto para continuar hasta el centro de Asunción.

 EL BARRIO PALESTINA

Entre los primeros contingentes de italianos , españoles (aunque ellos fueran “dueños y señores” durante casi 274 años) y “turcos” como se llamaba a los miembros de las distintas comunidades árabes que empezaron a recalar en Asunción desde principios de este siglo, prevaleció siempre un cierto sentido de clan. Los inmigrantes de estas nacionalidades, que constituían los grupos extranjeros mayoritarios de la capital, finalmente se integraron a los nativos y sirvieron de punto de partida para la constitución de numerosas y conocidas familias de Asunción y del Paraguay.

Desde aproximadamente la primera década de este siglo empezaron a llegar a Asunción, algunos miembros de la comunidad judía dispersa por el mundo, especialmente los de origen “latino”, serfarditas o sefardíes como se conoce a los originarios de España (en la tradición judía, Sefarad designa a la península Ibérica) y, por extensión, a los judíos que por negarse a convertirse al catolicismo, fueron expulsados del imperio español en 1492, instalándose en el norte de Africa, Turquía, Italia y Países Bajos, para emigrar posteriormente a América. Otros grupos de judíos llegados a Asunción estaban constituidos por rusos, alemanes así como otros procedentes de países de origen eslavo o germano.

Con el mismo criterio que las comunidades extranjeras de más antigua localización en la capital, los judíos se agruparon no sólo en “barrios” o sectores específicos, sino alrededor de sus templos o de “clubes”. Uno de estos fue el “JAVERIM” (en hebreo, “compañero”), situado en la calle Iturbe entre Teniente Fariña y Manuel Domínguez, frente a la casa De Gásperi, luego sede del PARTIDO LIBERAL RADICAL. En este club funcionó la primera escuela de enseñanza del hebreo y por las tardes se desarrollaba una actividad más acorde con su nombre pues se jugaba ping pong, se preparaban paseos o se hacían las reuniones sociales de la colectividad.

La UNIÓN HEBRAICA fue anterior al “JAVERIM”. Esta entidad comenzó sus actividades en la mitad de la segunda década de este siglo. Ambos locales, así como las residencias de los miembros de la colectividad judía se localizaron cerca de sus templos dado que las prácticas religiosas de entonces no permitían el uso de medios de locomoción.

El templo Latino de los judíos-sefardíes, se hallaba ubicado en el Nº 430 de la Iturbe, entre Fulgencio R. Moreno y Manuel Domínguez y el otro, estaba en la Unión Hebraica. Este templo contaba con un salón pequeño para los rezos semanales y otro más grande para las festividades de PASCUA (PASAJ),AÑO NUEVO (ROSH HASHANA) y el DÍA DEL PERDÓN (YOM KIPUR).

El BARRIO PALESTINA así como otros, consagrados por el uso y las características del lugar, pero jamás oficializado en la nomenclatura de la ciudad, estuvo justificado por la reunión de los judíos en torno a sus templos y clubes. Se extendía dentro del perímetro de las calles Teniente Fariña, Gaspar Rodríguez de Francia hasta Simón Bolívar (1a.), Abay (2a.) o Lomas Valentinas (3a.), desde la Caballero hasta Antequera.

El enclave donde aún moran importantes miembros de la comunidad Judía, estuvo definido por estos límites, aproximadamente desde los años ‘40.

 

En la misma época en que se construyó la escalinata Antequera en este lugar, en 1928, empezó a constituir se el Barrio Palestina, desde el monumento hacia el oeste.

LOS BARRIOS “EXTRANJEROS”

Así como el reclamo de la solidaridad y la nostalgia o, hasta las conveniencias, motivaban la emergencia de las sociedades de extranjeros, hubo otros mecanismos de asociación utilizados para el mismo efecto, especialmente en Asunción. Fueron las agrupaciones empresariales, las deportivas y cuando aún hubo que reforzar la colectividad de “paisanos”, surgieron también los barrios de extranjeros. Estos posibilitaban -no sólo la cercanía entre sus miembros- sino también y de acuerdo a las pautas de las sociedades pre-industriales, el mantenimiento de algunas costumbres, de ciertas tradiciones así como los valores sociales y culturales del país de origen.

Los primeros inmigrantes que llegaron a Asunción, aún antes del período independiente, se concentraron -por instinto de supervivencia y funcionalidad urbana- en torno al estrecho espacio del casco histórico de la capital. Pero ya luego de la Guerra del ´70, la nutrida presencia de extranjeros, la ampliación de la ciudad hacia nuevos barrios y la mayor diversidad de las especialidades laborales y de servicios, permitieron la localización de estos grupos en lugares específicos.

Hacia fines del siglo pasado y principios del presente, italianos, españoles, árabes y  judíos empezaron a formar -si no barrios exclusivos- algunos enclaves donde se concentraba la mayoría de los miembros de dichas colectividades.

Los de origen árabe -por ejemplo- y por la predominante actividad comercial que desplegaron, se limitaron a ocupar -con sus negocios y viviendas- los alrededores del centro. Aún así, puede decirse que la mayoría de las casas de los miembros de dicha colectividad se localizó próxima -o entre- las calles 25 de Mayo, Independencia Nacional y Luis Alberto de Herrera, hasta las proximidades de la Plaza Uruguaya.

Los españoles tuvieron una ubicación más difusa pero -en general- próxima al centro.

O entre el centro y la avenida Gaspar Rodríguez de Francia, que entonces era de una sola vía y se llamaba calle Amambay. Dicha localización puede justificarse con la misma argumentación que indujo a los árabes a concentrarse en el centro y sus aledaños. Los españoles -además- le agregaron algo propio a “su” barrio: el “cementerio español”, que se encontraba entre las calles Milano (ex Segunda), Chile y Alberdi.

Los italianos, más numerosos, también se dispersaron más. Especialmente los de buena posición económica. Los de condición más modesta, especialmente obreros, se ubicaron cerca de la cancha del CLUB LIBERTAD y sus huertas motivaron el nombre de “repolleros” con el que se conoce a los simpatizantes del club . El sentido de clan de aquel grupo originó también el nombre de “gumarelo” para los aficionados al Libertad, término que derivaría del italiano “cumparello”, compadre.

Otros, pequeños empresarios o constructores, se localizaron al sur de la calle Amambay, hacia el Barrio Obrero. En esta zona, los italianos estuvieron más distanciados entre sí pero con más opciones en cuanto a clubes deportivos para distribuir afectos y broncas.

Y si los españoles tuvieron su propio cementerio cerca, los italianos se quedaron con una plaza. La misma fué producto de la sustitución del nombre de la antigua plaza

“SANTO DOMINGO” por el de PLAZA ITALIA, cambio debido a la solicitud de la gran cantidad de familias italianas residentes en el barrio. Los “tanos” tuvieron además otras distracciones: las bochas y las cantinas. En ellas, especialmente los domingos, las pastas, el vino y las tarantelas cantadas en alegres grupos, contribuían a apagar la nostalgia.

 

Fotografía de un grupo de árabes y descendentes, tomada el 12 de Julio de 1931 en la fiesta de los Salesianos . A cargo del primer coche se observa al señor Abraham Dumot y a cargo del segundo, al Sr. Francisco David.

Fuente : Portal Guarani

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *